Una crisis de ansiedad no se va de un día para otro. No es como un resfriado que solo hay que aguantar hasta que pase. Es algo que te agarra fuerte y muchas veces no sabes ni por qué. Por eso, no está mal pedir ayuda. De hecho, es lo mejor que podés hacer. Y si esa ayuda viene de alguien que ya lo vivió, todavía mejor. Porque esa persona te va a entender sin que tengas que explicar cada cosa. A veces, solo necesitás que te digan “yo también estuve ahí… y salí”. Porque sí, se puede salir, pero no tenés que hacerlo solo.
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