
Hoy fue el regreso a clases. Le puse su mochila, lo vi entrar… y voy a decir algo que muchos papás piensan pero nadie se atreve a postear: sentí alivio. Y no, no me hace mal padre. Todos suben la foto con el nudo en la garganta, el “cómo crecen”, la lagrimita. Y sí, algo de eso hay. Pero seamos honestos por una vez: después de semanas de tenerlos en casa 24/7, sin rutina, entreteniéndolos a todas horas, trabajando con un niño colgado del cuello… que vuelvan a clases también se siente como respirar. Y aquí va lo incómodo: nos hicieron creer que un buen padre disfruta CADA segundo con sus hijos, que si sientes alivio cuando se van eres un desalmado. Mentira. Puedes amar a tus hijos con locura Y necesitar tu espacio para trabajar, para producir, para ser algo más que “papá” ocho horas seguidas. El papá que recupera su rutina no es un papá que quiere menos a sus hijos. Es un papá que también tiene que ganarse la vida, cumplir, crear, y que necesita esas horas para hacer su parte, esa que también es por ellos. Amar a tus hijos y disfrutar cuando entran a la escuela no se pelean. Las dos cosas caben. Y el que diga que no siente nada de alivio hoy… o no tiene hijos, o está mintiendo. 😅 #regresoaclases ¿Team lagrimita o team por fin respiro? Sean honestos 👇
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