Daniel Briceño y Carol Borda vuelven a dejar claro de qué lado están: ahora quieren eliminar los impuestos saludables para proteger a la industria de ultraprocesados, disfrazando ese mandado como defensa de los tenderos. Pero la evidencia muestra que estos impuestos sí funcionan: reducen el consumo de bebidas azucaradas, incentivan la reformulación de productos y protegen la salud pública. Y resulta bastante conveniente que quienes durante años se opusieron a mejores salarios y derechos laborales ahora descubran al tendero cuando necesitan defender a las grandes empresas. La pregunta es simple: ¿por qué les preocupa tanto limitar el consumo de ultraprocesados, pero tan poco garantizar que niñas y niños crezcan con alimentación saludable? Aquí no estamos hablando de autonomía: estamos hablando de poder. Y una vez más, Briceño y Borda parecen tener muy claro de qué lado quieren ejercerlo.
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