
En Chinón alcanzamos el valle del Loire. Desgranamos el rosario de joyas de los castillos y de los palacios que jalonan el río. Innumerables sombras ilustres pueblas este privilegiado rincón de Francia. En Chinon, Juana de Arco y Ricardo Corazón de León; Diana de Poitiers y Catalina de Médicis en Chenonceaux; Leonardo de Venci en Amboise... Hay tantos grandes nombres de la historias de Francia y de Europa que vivieron o murieron aquí, que se nos hacen más próximos cuando recorremos las grandes salas y las habitaciones íntimas, que envuelven torres y murallas, con una presencia abrumadora. Chinón es un recinto grande erizado de torres, murallas grises dominando los tejados grises de la pequeña aglomeración de casas sobre la ribera del Vienne. Tours está muy cerca, con su catedral de hermosas torres nacidas en gótico y coronadas en renacimiento, con sus viejas basílicas convertidas en mera arqueología, con sus torres de sonoros nombres: torre del reloj, torre de Carlomagno, y con su vocación de capital del valle. Un poco más lejos, Chenonceau, el castillo de las Damas, una joya lanzada en puente sobre el río Cher. La decoración juega con los escudos de armas de Diana y de Catalina en ésta su más preciada residencia, su lugar de descanso y conspiración. La Revolución respetó, no sabemos bien porqué, este palacio lleno de sugestiones. Fue por entonces cuando otra sombra ilustre se sumó a los fantasmas de su historia: Juan Jacobo Rousseau. En Amboise tuvo su corte Francisco I y, entre sus cortesanos, se contó Leonardo da Vinci en los últimos años de sus vida. Murió aquí, y sus restos fueron enterrados en la capilla de St. Hubert, sobre las murallas del castillo de Amboise. La Revolución dispersó sus cenizas y solo queda una placa y un lugar en esta capilla coronada de góticas arquerías. Hay otro rincón célebre en Amboise: el Balcón de los Conjurados, un vano que se abre sobre el Loire en una de las grandes estancias que han sobrevivido. En él fueron colgados los protestantes levantados contra Enrique II cuando mediaba el siglo XVI. Desde la orilla izquierda del Loire se ven las torres de las iglesias de St Louis y St. Nicholas sobresaliendo sobre los tejados rojos y grises de Blois. Pero el castillo lo domina todo. Una mole inmensa, escenario de momentos cruciales de la historia, poblada de arte y de recuerdos. Una estatua ecuestre de Louis XII preside la fachada Norte, enfrentada a los viejos barrios de Blois. Recorremos grandes estancias y tortuosos pasadizos, subimos a torres de ensueño y nos hundimos en celdas de pesadilla, y en uno de los grandes patios admiramos la obra maestra de Blois: la escalera renacentista de Francisco I. Es demasiado tarde para una detallada visita cuando llegamos al castillo de Chambord. Nos limitamos a rodear esta inmensa construcción, a recrearnos en las perspectivas que se ofrecen desde el extenso parque que lo rodea. Tiene 440 estancias y su planta ocupa más de 20.000 km2. Fue el mayor de los delirios de grandeza de Francisco I. #loire #francia #viajes #losviajesdetoni #viajestiktok
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