
En Gjesvaer, en la costa Oeste de la isla de Mageroya, embarcamos para una excursión hacia las Islas de los Pájaros. El sol empieza a adueñarse del cielo, pero hace un frío intenso y nos enfundamos en unos trajes térmicos que el barco pone a nuestra disposición. Abrigados, con la capucha bien apretada alrededor de la cara, nos agolpamos en la proa del barco para invadir ese mundo encantado de movimientos y sonidos, de blancas manchas vivas sobre acantilados verdinegros. Pronto nos vemos rodeados de los cómicos aleteos de los frailecillos, de los inquietos gritos de las gaviotas, de las flechas en vuelo de los cormoranes, de los circulas majestuosos de las águilas pescadoras. Junto a unas rocas, rodeadas de espuma, asoman las cabezas esféricas de una colonia de focas grises. Durante unas horas inolvidables, bajo un sol frío y hermoso, que hace estallar de color el mar y las rocas, jugamos a llevarnos en las cámaras y en los ojos esta algarabía de vida que rumorea jubilosa a nuestro alrededor. Echamos los anzuelos a fondo en una nueva experiencia en las aguas abundantes del Ártico. Subo un enorme bacalao y me fotografío con él, enfundado en mi traje térmico, feliz en un instante irrepetible. Un marinero limpia inmediatamente el pez con un gran cuchillo, extrae las vísceras y nos muestra el pequeño corazón del bacalao, todavía latiendo, antes de lanzarlo a las gaviotas. Un estruendo de graznidos se abalanza sobre el costado del barco y, por un momento, el aire se llena de un ensordecedor batido de alas blancas, de revoloteos ávidos y despojos sanguinolentos. #Noruega #losviajesdetoni #viajes #fyp #viral
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