
Rehabilitar un rostro en medicina estética es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos. Existe la falsa percepción de que, cuanto más ácido hialurónico o más tratamientos nos realizamos, mejor nos vamos a ver. Sin embargo, llega un punto en el que añadir más producto no mejora el resultado, sino que puede comenzar a distorsionar los rasgos, alterar las proporciones y generar el conocido pillow face o “cara de almohada”. Muchas veces este cambio ocurre de forma progresiva y el propio paciente no es consciente de él. Simplemente llega un momento en el que siente que ya no se ve bien o, incluso, que ha dejado de reconocerse frente al espejo. Este era el caso de nuestra paciente, que había recibido múltiples infiltraciones a lo largo del tiempo, dando como resultado un rostro con exceso de volumen y un aspecto inflamado con el que ya no se identificaba. La solución no fue añadir más, sino hacer precisamente lo contrario: rehabilitar su rostro. A lo largo de varias sesiones disolvimos cuidadosamente el exceso de producto y, posteriormente, rediseñamos el tratamiento desde cero, respetando la anatomía, los planos adecuados y las cantidades necesarias. Combinamos ácido hialurónico, inductores de colágeno y neuromoduladores con un único objetivo: recuperar un rostro más fresco, armónico y natural. Porque una buena medicina estética no consiste en poner más producto, sino en saber qué poner, cuánto, dónde y, sobre todo, cuándo parar. El mejor resultado es aquel en el que el paciente vuelve a mirarse al espejo y se reconoce.
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