En Mazatlán me encontré con esta situación. Vi a una persona que empujaba algo con una escoba, pero no distinguía qué era. Imaginé que podría ser una serpiente y me acerqué de inmediato para ver cómo podía apoyar. Afortunadamente, la persona no le hizo daño a este anfibio. Al contrario, intentaba ayudarlo metiéndolo al agua, aunque eso no era lo que el sapito quería. Eso me da mucho gusto, porque en otras ocasiones, por miedo o simplemente por ignorancia, terminan afectando a los seres vivos. Recuerden que a nadie se le obliga a que le gusten los animales, pero sí a respetarlos. Más tarde, el animalito fue liberado en un jardín. #animales
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