La viralidad no da de comer. Al contrario. Conocí a un chico con 2,5 millones de seguidores en Instagram y 10 en TikTok. Un solo vídeo le dio un millón de seguidores. Pero era pobre. Fuimos a cenar una hamburguesa y tuvo que pedirle un Bizum a su madre para pagarla. ¿Cómo? Su público era cero cualificado. Muchas visitas, mucho ego cada vez que abría las notificaciones, pero cero dinero. Yo prefiero lo contrario: ser abundante económicamente aunque no me conozca nadie.
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